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La gravedad del esguince de tobillo en jóvenes no condiciona la recuperación

Los resultados, publicados y resumidos por Fisio Actualidad, refuerzan la importancia de medir fuerza, rango de movimiento y equilibrio dinámico durante el proceso, y no guiarse solo por la etiqueta…

actualizado 17 de octubre de 2026

La gravedad del esguince de tobillo en jóvenes no condiciona la recuperación

Un equipo de investigadores de Lituania ha comparado las dos estrategias de rehabilitación más usadas en esguinces laterales de tobillo en adolescentes y llega a una conclusión que invita a revisar la rutina clínica: el grado del esguince (de 1 a 3 según la extensión del daño ligamentoso) no se asocia por sí solo con una recuperación funcional más lenta ni más corta. Los resultados, publicados y resumidos por Fisio Actualidad, refuerzan la importancia de medir fuerza, rango de movimiento y equilibrio dinámico durante el proceso, y no guiarse solo por la etiqueta de "esguince leve, moderado o grave".

Qué se comparó y cómo se midió

El estudio siguió a adolescentes deportistas con esguince lateral aplicando los protocolos PRICE (Protección, Reposo, Hielo, Compresión, Elevación) y PEACE and LOVE (Protección, Elevación, Evitar antiinflamatorios, Compresión, Educación, y después Load, Optimism, Vascularisation, Exercise). A lo largo del seguimiento se midieron de forma objetiva tres parámetros con significado clínico:

  • Fuerza muscular del tobillo afectado, comparada con el lado sano.
  • Rango de movimiento articular.
  • Equilibrio dinámico, con el test en Y.

La pregunta era directa: si un grado 3 se recupera peor que un grado 1 en estas mediciones, clasificar la gravedad sirve para anticipar el plan de tratamiento. Si no se observa esa diferencia, hay que mirar más allá de la etiqueta.

Lo que apareció en los datos

El hallazgo principal es que no hubo interacciones significativas entre el grado de la lesión y el tiempo de evolución en fuerza, movilidad ni equilibrio. Las trayectorias de recuperación fueron similares entre los grupos de gravedad. El propio equipo lo resume así: la clasificación estructural por sí sola podría no explicar completamente los cambios a corto plazo en las medidas funcionales evaluadas.

Sí se detectaron, en cambio, diferencias generales entre grados en algunas pruebas concretas. La más consistente fue la del equilibrio en Y, que se mantuvo en los distintos análisis. El rango de movimiento perdió peso al aplicar un ajuste estadístico favorable a los grados bajos.

Otro detalle relevante: los adolescentes más jóvenes y de menor estatura se concentraron en los esguinces grado 1, y los de mayor edad y estatura, en los grado 3. Esto sugiere que el grado puede reflejar, en parte, la etapa de crecimiento y el tipo de deporte practicado (más impacto, saltos y cambios de dirección), no solo el daño del ligamento.

Qué cambia en consulta y en casa

El equipo plantea, además, que un diagnóstico estructural por sí solo no refleja adecuadamente el estado funcional del paciente y puede limitar la elección de la mejor estrategia de rehabilitación. La consecuencia práctica es incorporar, desde la primera o segunda sesión, mediciones objetivas repetidas en el tiempo, y dejar de ajustar los plazos solo por grado.

Tres rutinas sencillas para llevar al adolescente, no al grado:

  • Equilibrio sobre una pierna, con ojos abiertos y cerrados, antes de volver a los ejercicios de equipo.
  • Progresar la carga con sentadilla o step-up, no por días de calendario sino por tolerancia funcional medida.
  • Mantener trabajo de fuerza y movilidad durante toda la temporada: la inestabilidad residual aparece más por déficits no corregidos que por el tipo de esguince que se tuvo.

Quedan preguntas abiertas que conviene seguir de cerca: cómo evolucionan estos adolescentes a medio y largo plazo, y si los resultados se replican en deportes con patrones distintos al fútbol y al baloncesto, donde más se concentra la muestra de estos trabajos.

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