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Cómo el estrés diario agrava el dolor muscular y la rigidez según los expertos

Según informa Diario AS, la fisioterapeuta Diana Bora advierte de que acostumbrarse al estrés cotidiano puede hacer que pasen inadvertidas señales físicas como el dolor persistente, las contracturas…

actualizado 29 de octubre de 2026

Cómo el estrés diario agrava el dolor muscular y la rigidez según los expertos

Según informa Diario AS, la fisioterapeuta Diana Bora advierte de que acostumbrarse al estrés cotidiano puede hacer que pasen inadvertidas señales físicas como el dolor persistente, las contracturas, la rigidez y el bruxismo. Para quien convive con molestias musculares, la clave práctica es no despacharlas como simples obstáculos del día a día: conviene atender a lo que expresa el cuerpo, tanto en el plano mecánico como en el emocional.

Señales que no conviene normalizar

Bora alerta de que el estrés puede acompañarse de síntomas corporales. Eso no permite atribuir automáticamente cualquier dolor al estrés, pero sí invita a fijarse en molestias persistentes, tensión muscular, rigidez o bruxismo en lugar de asumir que son inevitables.

La diferencia importa: restar importancia a una señal puede retrasar la atención a las necesidades del cuerpo. La recomendación recogida por Diario AS es no ignorar esos síntomas y atenderlos antes de que las lesiones se cronifiquen.

Un primer paso: observar el patrón

Si aparece una molestia, anota cuándo la notas y qué síntomas la acompañan. Ese registro no determina la causa, pero ayuda a describir mejor lo que ocurre y a no reducirlo todo a una explicación automática. También permite distinguir entre un episodio puntual y una señal que persiste.

La noticia no ofrece un protocolo de ejercicios ni pautas para tratar el dolor por cuenta propia. Por eso, no conviene convertir la alerta sobre el estrés en un diagnóstico ni en una razón para posponer la valoración de una molestia persistente.

Escuchar el cuerpo sin sacar conclusiones rápidas

El mensaje de Bora pone el foco en considerar conjuntamente las demandas mecánicas y emocionales del cuerpo. En la práctica, eso significa tomar en serio los síntomas y buscar orientación si continúan, en vez de acostumbrarse a convivir con ellos.

La información disponible no detalla cómo valorar cada caso ni qué tratamiento seguir. Sí deja una pauta concreta: ante dolor persistente, contracturas, rigidez o bruxismo, no normalizarlo ni dar por hecho que se resolverá solo.

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